MI NOMBRE SOY YO

LA BIBLIA. MANUAL DE NOMBRES DIGNOS



El aporte que la Biblia hace a través de los siglos a todas las sociedades del mundo, es inconmensurable. Desde las bases científicas y los datos históricos irrefutables, hasta la liberación e inserción de ciudadanos marginales, desprotegidos, enajenados, a la sociedad de su época, y en muchísimos casos, con una trascendencia en el tiempo. Respecto al cambio del mismo hombre, su cultura, su idiosincrasia, su carácter y personalidad, su pasado, su presente y futuro, ningún Gobierno del mundo, ningunos gobiernos unidos, ninguna acción social hegemónica o civil, jamás pude y nunca podrá igualarse con la transformación que ocurre en el individuo y el conjunto de individuos formando comunidades, como lo hizo, hace y hará la Biblia.
Los evangélicos no tenemos cómo admitir a la tradición de la iglesia como equiparada con la Biblia, y el Señorío que lleva a cabo Jesucristo a través del tiempo en la vida de la iglesia, puesto que nunca la interpretación y la aplicación de ese entendimiento será justo, exacto, constante, y para nada modificable, porque el hombre es cambiante en tiempo y espacio, y el macro contexto en que la Biblia, la Iglesia y Jesucristo como Rey del Reino de Dios en la tierra están insertos es hecho por el mismo hombre en el planeta Tierra, vulnerable a todo.
En esta ocasión quiero resaltar por una breve y muy superficial mención que el aporte que la Biblia hace al hombre y la sociedad en términos de bendición, es enorme y único.
Los padres ponen nombres a sus hijos, y en la mayoría de las veces lo hacen desconociendo el significado y la influencia que el nombre ejerce sobre la psique y la personalidad de la persona que los lleva.
La psicología no niega la implicancia e importancia de los nombres; al menos, en cuanto a los males que provocan ciertos nombres en patologías comúnmente conocidas, como el "onanismo". Esta designación del onanismo como perturbación psicológica más precisamente masturbarse compulsivamente, viene del nombre de uno de los hijos de Patriarcas del pueblo judío, cuya historia relata la Biblia, y que se llamaba Onán. Mosaico viene de Moisés, el principal referente de La Ley en la Biblia, y varios procesos de la Psicología parten de la Biblia o no, pero finalmente le dan la razón, y nos muestran cuán pretensioso es el hombre al afirmar que sus conocimientos se fundan en la investigación y la experiencia humana, y que nada tienen que ver con la Biblia.
Hace poco se divulgó la noticia de que estudiosos han comprobado que algunas músicas servían para "mecer" las turbulencias de los niños, aquietándolos y dándoles un buen sueño. La Ciencia, siempre orgullosa, no ha tenido en cuenta los millones de casos de transformaciones del hombre y la sociedad provocados por la Biblia cristiana.
Pueden atar al esoterismo, a las supersticiones, a los mitos y la credulidad popular el valor que la Biblia le da al nombre de la persona. La Biblia dice que Dios "prende a los sabios en la astucia de ellos". O como alguien lo dijo: "hecha la ley, hecha la trampa". La historia del hombre está llena de ejemplos de personas con nombres maldecidos causando gran daño a la sociedad, y personas con nombres bendecidos bendiciendo de veras a la sociedad, aún en los casos de individuos no cristianos.
También se registran casos en que un portador de nombres que implican desgracias, infortunios y desviaciones del destino del hombre, viniendo al Evangelio, y no pudiendo cambiarse de nombres, por la oración y la consagración han logrado quebrar su destino maldecido y comenzar a caminar en la vida bendecido, y bendiciendo a otros.
Un amigo mío que vino a Cristo y fue salvo, recibió de gracia la vida eterna, dejando de ser un hombre "mujeriego" y abusador del sexo femenino, replicó sabiamente a quienes quisieron hacerle aceptar que la Virgen de Luján, la Virgen de Itatí, la Señora de La Merced, la Virgen María, el Sagrado Corazón de María, y la "Desata Nudos", entre millares de otros nombres son verdaderamente la madre de nuestro Salvador Jesucristo. Lo hizo asegurando que cuando él era un hombre sin Dios, a cada esquina se encontraba con la misma prostituta que cambiaba de nombre, olvidando que ya se había entrevistado con él en alguna otra de las esquinas de la ciudad. Y reflexionó: La madre de nuestro Señor no es una prostituta para que tenga mil nombres y los cambie según las conveniencias de los parroquianos. El pueblo se dice cristiano, pero no tiene ni el mínimo conocimiento de las blasfemias en que incurre por atraillar a La Virgen tantos nombres blasfemos, contradictorios y degradantes.
Los listados de nombres propios propuestos por el Parlamento de nuestros países latinoamericanos se hace ley por la decisión aberrante, enajenante, incoherente, malsana, perturbada y perturbadora de muchos legisladores sin Dios, ni siquiera sanidad mental suficiente como para obligarnos a los padres maldecir a nuestros hijos, o no bendecirlos, conforme nuestro entendimiento e interés, y nuestra fe.
Conozco casos en Brasil donde los padres inventaron el nombre para sus hijos, y en otro caso que le pusieron el nombre Gíneton, muy escondido en los libros históricos de la Biblia, y aunque se debiera legislar en alguna medida a respecto de esto, no se debiera impedir que la conjunción de nombres elaborada por los padres, en virtud de sentimientos, experiencias, gustos, ideas y convicciones, pueda ser legalizada.
Por un lado, si quienes elaboran, definen y hacen leyes de los nombres que podremos colocar en nuestros hijos no entienden ni experimentan en ninguna medida y en ningún parámetro estrictamente cristiano o judío la dimensión espiritual que los nombres implican en cuanto maldecir o bendecir a quienes los llevarán, y por otro, si quienes establecen las leyes no tienen más derecho sobre nuestros hijos que los que poseen sus progenitores, entonces por qué nos obligan a limitarnos al almanaque y a la liturgia de un culto que no todo el mundo lo aprueba, y a la pertinacia anquilosada de viejos torpes que no entienden ni porqué están allí, en la madriguera de los perversos, cuando ellos se consideran benefactores de la humanidad...
Señores Legisladores: Nuestra ONG DOTAR en Junín, Mendoza, y éste servidor del hombre, y para Dios, se ofrecen para darles la necesaria formación en materia de bendición y maldición, porque el país ya no soporta más tantos millones de pesos gastados para mantener la aberración y la locura, y la edificación de nuevas instancias de discriminación y desarmonía social.
Argentina y Latinoamérica merecen un cambio: Los niños que nazcan de aquí en más, y las personas que quieran -TODAS-, independientemente de la edad, o en todo caso las menores de edad, debieran poder nacer, crecer y modificar sus nombres para que se sientan bien y felices, y ser parte práctica de los que son: EL NOMBRE.
Cuando la Biblia no comporta todos los modernos nombres que también bendicen, se debiera acudir al aspecto morfológico de los nombres, a la sintaxis y a la historia de ellos, para revocar maldiciones y establecer bendiciones para el individuo, y la sociedad.

TITO BERRY

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